¿Vegano? ¿Por qué?

Los veganos salvamos animales tres veces al día. Me gusta repetir esa frase, tan cierta, para que la gente se de cuenta del poder que tiene a la hora de elegir su alimentación. Y es que esa simple decisión puede ser la diferencia, para un cerdo, una gallina, un pollo o una vaca, entre tener una vida miserable y no ser víctima de un consumo que -según la ciencia- no es necesario.

Cada día 191 millones de animales, con la misma capacidad de sentir que tú, que yo o que cualquier persona, son asesinados para convertirse en comida. Individuos que son separados de sus familias, que son explotados desde que vienen al mundo solo por el hecho de pertenecer a una especie diferente a la nuestra.

Como activista por los derechos animales, y fundadora de la Asociación Proyecto Libertad, decidí dejar a los animales fuera de mi plato por dos episodios específicos. El primero fue la visita a la fábrica de una marca de productos hechos en base a pollo. Ya había intentado -sin éxito- ser vegetariana una vez y como periodista me dieron esa comisión que acepté a regañadientes. Nos iban a mostrar los procesos para asegurar la calidad de sus productos pero no pude conpletar el circuito, decidí irme -llorando- cuando vi que las trabajadoras separaban algunos pollos en una bandeja, y cuando pregunté cuál sería su destino, me dijeron que irían a la trituradora porque eran «de descarte». Estaban vivos.

La segunda experiencia me ocurrió en Chile. Fui como enviada especial y coincidentemente una organización de derechos animales «Elige Veganismo» sacaron una investigación sobre granjas llamada «Huérfanos de la leche». No vi el video porque ya he visto demasiado sufrimiento de animales en vivo y en directo, pero leí el testimonio de una activista que se infiltró en una de las granjas como trabajadora para documentar todo. Nunca olvidaré sus palabras. Ella decía que fue muy duro hacer la investigación pero lo que jamás podría borrar de su mente era el llanto de los terneros cuando los separan de sus madres apenas nacen para que no se tomen la leche destinada a venta. Contaba que lloraban por semanas sin parar hasta que se los llevaban para ser «carne de ternera». Así me hice vegana.

Y es que no es muy difícil encontrar la relación entre nuestro consumo y el sufrimiento que se le causa a los animales, un maltrato tan brutal que ha sido inspiración para varias películas de terror.

Siempre digo que no dejé la carne y los derivados animales porque no me gustaran, sino porque puedo comer igual y hasta más rico sin causarle daño a nadie. Y lo mejor es que ahora es muy fácil alimentarse de manera 100% vegetariana, hay productos en todos los supermercados, restaurantes en cada distrito, mucha información y la ola sigue creciendo a pasos agigantados cada día. El plus es que alimentarse sin productos de origen animal es más barato, así que ahora gasto menos, pero sobre todo, estoy más sana que nunca, tengo energía para regalar y mi conciencia está mucho más tranquila.

Si analizamos el tema, optar por el veganismo es bueno por donde se le mire. Si hablamos de salud, está científicamente comprobado que alimentarse con animales tiene una relación directa con enfermedades cardiovasculares, el cáncer, la diabetes, y otras graves.

Y si esos argumentos no son suficientes hablemos del calentamiento global. Muchas personas no entienden aun qué significa ese término, pues esta es la causa de todos estos cambios tan radicales en el clima. El verano con temperaturas cada vez más altas, un otoño y primavera casi inexistentes, y un invierno más frío cada año. Eso es el calentamiento global y su principal causa es la gandería o cría de animales para consumo humano. Así es, esta actividad contamina más que todos los vehículos terrestres, aviones y barcos del mundo

¿Sorprendido? Pues tú puedes hacer algo al respecto. Un simple cambio en tu vida puede ser un paso gigante para la humanidad, para mejorar tu salud, para acabar con el asesinato de millones de animales alrededor del mundo. El veganismo. Una forma de vida que evita causar cualquier tipo de sufrimiento a un ser vivo y sintiente, un estilo que elimina nuestra posición de poder decidir sobre vidas y destinos que no nos pertenecen.

¿Cuántas familias más tendrán que ser separadas, cuántos bebés acabarán sus días con un cuchillo cortando su cuello para que nos demos cuenta de que otro mundo ES POSIBLE?

La decisión está en ti. Es la misma decisión que yo tomé al ver las lágrimas de esos terneros que llamaban a gritos a sus madres, al mirar a los ojos a esos pollos aterrorizados que iban a ser triturados vivos, era la misma mirada que tenía mi perro Bebu (que murió hace poco tras acompañarme durante 15 de sus 20 años), el día que lo encontré enfermo y asustado por los golpes gratuitos que le daban en la calle. El mismo dolor, la misma desesperación de luchar por su vida.

No quiero ser parte de esto. Me niego a causar el sufrimiento de alguien que tiene el mismo interés por disfrutar de su vida que yo. Ningún sabor vale lo suficiente para causar tanto daño, para pagar a otro que le quite la vida a un inocente.

HEIDI PAIVA
FUNDADORA DE PROYECTO LIBERTAD